{"id":222,"date":"2014-11-03T17:23:01","date_gmt":"2014-11-03T20:23:01","guid":{"rendered":"http:\/\/ajupe.com.uy\/web\/index.php\/2014\/11\/03\/angelica-bianchi\/"},"modified":"2014-11-03T17:23:01","modified_gmt":"2014-11-03T20:23:01","slug":"angelica-bianchi","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/ajupe.com.uy\/web\/ajupe\/angelica-bianchi\/","title":{"rendered":"AST\u00cdO"},"content":{"rendered":"<p>\u00a0<\/p>\n<p><strong> <\/strong><\/p>\n<p><strong> <\/strong><\/p>\n<p align=\"center\"><strong>Nuestra socia, la escritora Sra. Ang\u00e9lica Bianchi nos brinda un nuevo encuentro con su obra y nos deleita con dos de ellas. <\/strong><\/p>\n<p align=\"center\"><strong>Tambi\u00e9n nos brinde una singular creaci\u00f3n del escritor argentino <\/strong><\/p>\n<p align=\"center\"><strong>Adolfo Bioy Casares.<\/strong><\/p>\n<p align=\"center\"><strong><br \/><\/strong><\/p>\n<p align=\"center\"><strong><span style=\"text-decoration: underline;\"> <\/span><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"color: #0000ff;\"><span style=\"font-size: xx-large;\"><span style=\"font-family: 'arial black', 'avant garde';\"><span style=\"text-decoration: underline;\">AST\u00cdO<\/span><\/span><\/span><\/span><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Un sol despiadado incendia las agujas de los pinos y marchitas las rosas\u2026<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Todo est\u00e1 inm\u00f3vil: las hojas, las nubes, el aire\u2026<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Todo ha callado. El silencio es de siesta. O de espera. O de temor\u2026<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Donde la vida se ha detenido en medio de un resplandor poderoso, el parral proyecta la sombra de su espeso follaje y sus racimos p\u00e9ndulos.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Los rayos de luz transparentan la clorofila de los p\u00e1mpanos y el color vinosos de los frutos. Se esparce un olor suave, de zumo y de fermentaci\u00f3n\u2026<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Y las abejas zumban con lev\u00edsimo rumor en la callada atm\u00f3sfera.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">El retorcido y vellosos tronco y los fr\u00e1giles, le\u00f1osos sarmientos de la vid han cobrado vida cuando todo parece haber muerto. El despiadado sol\u00a0 ha concedido poder a la savia que asciende y nutre su ramaz\u00f3n tortuosa, sus hojas palmeadas y la pulpa de sus granos.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Es tan o m\u00e1s antigua que el hombre, la vid; con sus reminiscencias b\u00edblicas de cuando No\u00e9, descendida el arca en el Ararat, plant\u00f3 una primer cepa.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">O Griegas, culminando el culto dionis\u00edaco en medio de los bosques\u2026<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">O Romanas, cuando en las fiestas b\u00e1quicas el vino entregara a la lujuria a dioses y a humanos\u2026<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Destinado al fino ritual navide\u00f1o o al ruidoso fin de fiesta popular, el dulce jugo fermentado en el tonel, ha acompa\u00f1ado a trav\u00e9s de los siglos, la vida de los hombres.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">El parral le ha prodigado su sombra; una sombra ondulante en el est\u00edo mientras fuera, el pleno sol vibra implacable y riguroso.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Su verde entramado de m\u00faltiples hojas, de pendientes zarcillos, de apretados racimos, imitan la profusi\u00f3n de curvaturas del arte \u201cnuveau\u201d. La Naturaleza le ha dotado de ese arte. O el artista se ha inspirado en \u00e9l\u2026<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">En sucesivas r\u00e1fagas, el oto\u00f1o desnudar\u00e1 al parral y sus muertas hojas secas volar\u00e1n a comp\u00e1s. Otra vez el estoico pie y la oscura urdimbre de ramas guardar\u00e1n el secreto de su perenne existir. Y esta vez ser\u00e1 el poeta que cante como Paul Verlaine: \u201clos sollozos largos del viol\u00edn del oto\u00f1o contagian a mi coraz\u00f3n su languidez mon\u00f3tona. Y me dejo llevar de aqu\u00ed, de all\u00e1, como las hojas muertas\u2026\u201d<\/span><\/p>\n<p align=\"right\"><strong><span style=\"color: #000000;\"><span style=\"font-size: small;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif;\">Ang\u00e9lica Bianchi<\/span><\/span><\/span><\/strong><\/p>\n<hr width=\"100%\" size=\"2\" \/>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p align=\"center\"><span style=\"font-size: xx-large;\"><span style=\"color: #0000ff;\"><span style=\"font-family: 'arial black', 'avant garde';\">A MENOR \u00a0OPUS 16<\/span><\/span><\/span><\/p>\n<p align=\"center\">\u00a0<\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Edvard Grieg se halla sentado tras la ventana a trav\u00e9s de cuyos dobles cristales ve iniciarse el triste crep\u00fasculo noruego.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Detr\u00e1s de \u00e9l, ha quedado el piano, ahora mudo. El fuego del hogar llamea y ronca en la profundidad ennegrecida de la piedra.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Dentro, le rodea el suave perfume de madera que proviene del techo, las paredes, el piso de su casa en Bergen, all\u00ed donde muy cerca se abren los fiordos helados de aguas pur\u00edsimas.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Grieg medita.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">El neblinoso atardecer penetra en sus o\u00eddos como una m\u00fasica misteriosa; la flauta, el oboe dejan escapar un sonido ambiguo; aguardan de la magia reinante en el bosque de abetos, la presencia de seres mitol\u00f3gicos que han de bailar sobre la nieve. Mientras todo espera, el agua azul en lo hondo de los fiordos murmura suavemente. En la mente del m\u00fasico el piano esboza con suav\u00edsimos arpegios, el canto de las peque\u00f1as olas que avanzan y retroceden entre las vertientes rocosas cubiertas por escamas de deshielo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Los elfos peque\u00f1os, los elfos de luz, los elfos ben\u00e9volos se esconden en el bosque, o danzan en la oscuridad\u2026<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">De pronto el piano adquiere vigor, irrumpen los instrumentos de viento, el poderoso cuerno indica un estallido de luz; aparece la aurora boreal y flamea, azul, verde, roja, violeta, sobre la convexidad de la tierra\u2026<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">El sol de la noche hiere a los danzarines elfos, despierta de su sue\u00f1o en la profundidad de la tierra, a los elfos oscuros, los elfos malignos; acordes violentos sacuden la delicada quietud.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">La luna, que como un lobo persigue y extingue la luz del sol, reaparece.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Se extiende el silencio. Todo parece morir.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Una impetuosa intervenci\u00f3n de la orquesta lanza un adi\u00f3s doloroso antes de ceder al piano un semifinal pleno de suav\u00edsimos acordes y tr\u00e9molos.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Mientras todo esto ocurre, las teclas introducen de continuo y nunca igual a s\u00ed mismas, las cinco notas del \u201cleit-motiv\u201d que penetra y sacude el alma rom\u00e1ntica del noruego Grieg.<\/span><\/p>\n<p align=\"right\"><strong><span style=\"font-size: small;\"><span style=\"color: #000000;\">Ang\u00e9lica Bianchi<\/span><\/span><\/strong><\/p>\n<hr width=\"100%\" size=\"2\" \/>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p align=\"center\"><span style=\"color: #0000ff;\"><span style=\"font-size: xx-large;\"><span style=\"font-family: 'arial black', 'avant garde';\">LA SALVACI\u00d3N<\/span><\/span><\/span><\/p>\n<p align=\"center\">\u00a0<\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Esta es una historia de tiempos y de reinos pret\u00e9ritos.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">El escultor paseaba con el tirano por los jardines del Palacio.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">M\u00e1s all\u00e1 del laberinto para los extranjeros ilustres, en el extremo de la alameda de los fil\u00f3sofos decapitados, el escultor present\u00f3 su \u00faltima obra: una n\u00e1yade que era una fuente.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Mientras abundaba en explicaciones t\u00e9cnicas y disfrutaba la embriaguez del triunfo, el artista advirti\u00f3 en el hermoso rostro de su protector, una sombra amenazadora.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Comprendi\u00f3 la causa: \u201c\u00bfc\u00f3mo un ser tan \u00ednfimo\u201d \u2013 sin duda estaba pensando el tirano \u2013 \u201ces capaz de lo que yo, pastor de pueblos, soy incapaz?\u201d.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Entonces un p\u00e1jaro que beb\u00eda en la fuente huy\u00f3 alborozado por el aire y el escultor discurri\u00f3 la idea que lo salvar\u00eda.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">\u201cPor humildes que sean \u2013 dijo indicando al p\u00e1jaro \u2013 hay que reconocer que vuelan mejor que nosotros\u201d.<\/span><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p align=\"right\"><strong><span style=\"font-size: small;\"><span style=\"color: #000000;\">Adolfo Bioy Casares<\/span><\/span><\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0 Nuestra socia, la escritora Sra. 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