{"id":241,"date":"2015-04-13T17:44:56","date_gmt":"2015-04-13T20:44:56","guid":{"rendered":"http:\/\/ajupe.com.uy\/web\/index.php\/2015\/04\/13\/un-hombre-una-mujer-y-un-nino\/"},"modified":"2015-04-13T17:44:56","modified_gmt":"2015-04-13T20:44:56","slug":"un-hombre-una-mujer-y-un-nino","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/ajupe.com.uy\/web\/ajupe\/un-hombre-una-mujer-y-un-nino\/","title":{"rendered":"Un hombre, una mujer y un ni\u00f1o"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"color: #ff0000; font-size: xx-large; line-height: 1.3em;\">UN HOMBRE, UNA MUJER Y UN NI\u00d1O<\/span><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Reinaba por doquier una primavera precoz. El sol iluminaba con br\u00edo por entre unas nubes muy blancas que flotaban en el cielo azul. Aqu\u00ed y all\u00e1, renac\u00eda el verdor de los campos de trigo y de avena y un halito de vida surg\u00eda en el espesor de cercos y zarzas entre trinos de p\u00e1jaros y pi\u00eddo de pichones. A ambos costados de la ruta se escuchaba el balido de los todav\u00eda inseguros terneros y el mugir de las inquietas madres.<\/p>\n<p>Brotaban retamas y espinos en flor y el tr\u00e9bol surg\u00eda de las hondonadas a un lado y otro del poceado camino que recorr\u00eda la camioneta tras cuya direcci\u00f3n conduc\u00eda un joven pleno de fuerzas y optimismo llamado Esteban, en busca de una v\u00eda de acceso hacia la peque\u00f1a f\u00e1brica de la cual era a la vez, proveedor y repartidor.<\/p>\n<p>La f\u00e1brica estaba instalada en las lindes del Departamento, no lejos de un modesto poblado y entonces una s\u00f3lida construcci\u00f3n que sustitu\u00eda a los viejos galpones donde t\u00edmidamente hab\u00eda nacido. En ella se fabricaban fideos secos de todas formas y tama\u00f1os dedicados a surtir peque\u00f1os almacenes y supermercados en comienzos, donde se prove\u00eda una poblaci\u00f3n sencilla y de poco dinero.<\/p>\n<p>La camioneta, una Peugeot cerrada y de doble cabina que llevaba sobre s\u00ed la carga de miles de kil\u00f3metros y\u00a0 que Esteban adquiriera de su due\u00f1o anterior mediante un pr\u00e9stamo bancario, enfil\u00f3 un puentecillo y por \u00e9l descendi\u00f3 con un crujir de grava, hacia la playa de estacionamiento de la f\u00e1brica.<\/p>\n<p>El due\u00f1o y el joven Esteban eran contempor\u00e1neos pero la fortuna no les hab\u00eda igualmente sonre\u00eddo. El uno hab\u00eda heredado la empresa de su padre, el otro, Esteban, hab\u00eda perdido tempranamente al suyo, luego de una corta enfermedad, oblig\u00e1ndole el triste hecho, a abandonar los estudios y contribuir al mantenimiento del hogar.<\/p>\n<p>Lo hab\u00eda encarado con entereza: su madre trabajaba en una f\u00e1brica, \u00e9l se hab\u00eda habituado a esa vida un tanto n\u00f3mada de fletero, una vez obtenido su permiso de conducir.<\/p>\n<p>En ese momento, ambos hombres j\u00f3venes se saludaron palme\u00e1ndose las espaldas. Les un\u00eda una afable amistad y el mutuo reconocimiento de virtudes relacionadas con el manejo de dinero y de trabajo.<\/p>\n<p>Las entregas que ese d\u00eda esperaban a Esteban se hallaban ya dispuestas en cajas, ordenadas y envueltas cuidadosamente en celof\u00e1n. Eran fr\u00e1giles u cada vez m\u00e1s numerosas; la empresa crec\u00eda.<\/p>\n<p>Ambos hombres vigilaban cuidadosamente la labor de los dos empleados que las transportaban y luego colocaban en la parte trasera del vehiculo, cuando del interior del establecimiento, surgi\u00f3 corriendo sobre sus cortas piernas, un ni\u00f1o peque\u00f1o, de aspecto vigoroso, ojos y cabellos oscuros, el torso desnudo, el resto semivestido con un corto pantal\u00f3n azul. Se detuvo frente a la cabina de la camioneta y la observ\u00f3 callado y con indisimulada admiraci\u00f3n.<\/p>\n<p>El padre, due\u00f1o de la f\u00e1brica, le recrimin\u00f3 sin acritud:<\/p>\n<p>-\u00bfQu\u00e9 haces aqu\u00ed? Es hora de la siesta. \u00bfAcaso no te ordene que permanecieras dentro?<\/p>\n<p>El ni\u00f1o levant\u00f3 hacia su padre una mirada plena de determinaci\u00f3n:<\/p>\n<p>-Vine a mirar la camioneta.- dijo.<\/p>\n<p>Hablaba correctamente teniendo en cuenta su corta edad y al escucharle, el rostro agraciado y viril de Esteban, se distendi\u00f3. No era la primera vez que el ni\u00f1o hac\u00eda tal solicitud ni que igualmente se le rechazara. Se le ve\u00eda recorrer la carrocer\u00eda del vehiculo con una atenci\u00f3n ajena a la amonestaci\u00f3n de su padre y permit\u00eda adivinar en \u00e9l, ese secreto deseo de posesi\u00f3n que torna m\u00e1gico al objeto deseado.<\/p>\n<p>-Quer\u00edas dar una vuelta eh? \u2013 pregunt\u00f3 Esteban a quien el ni\u00f1o francamente agradaba.<\/p>\n<p>El ni\u00f1o levant\u00f3 vivamente la cabeza hacia \u00e9l, luego la movi\u00f3 varias veces en gesto afirmativo.<\/p>\n<p>-No sabes lo que propones- aconsej\u00f3 el padre. No tienes hijos. Este es intolerable.<\/p>\n<p>En efecto, Esteban no ten\u00eda hijos. S\u00f3lo veinticinco a\u00f1os y un futuro no programado.<\/p>\n<p>-Bah!-contest\u00f3 mientras izaba al ni\u00f1o por encima de su cabeza y lo conduc\u00eda hacia la portezuela abierta.<\/p>\n<p>En ese momento sali\u00f3 de la casa anexa a la f\u00e1brica, una mujer joven blandiendo una prenda en la mano. El padre se rasc\u00f3 pensativo la cabeza.<\/p>\n<p>-Lleva tambi\u00e9n a Ema- dijo- por si este mocoso sobrepasa tu paciencia.<\/p>\n<p>Ema era muy joven, casi una ni\u00f1a, y ostensiblemente se ocupaba del que estaba ya sentado en el asiento posterior de la cabina.<\/p>\n<p>-Bueno, vamos- dijo Esteban al tiempo que pon\u00eda en marcha el motor.<\/p>\n<p>-Ponte la camisa, escuch\u00f3 la voz de Ema detr\u00e1s. La voz pose\u00eda el timbre agudo com\u00fan en la adolescencia.<\/p>\n<p>Esteban acomod\u00f3 tras la direcci\u00f3n sus largas piernas. Estas sol\u00edan molestarle al tocar el tablero: desde ni\u00f1o hab\u00eda sido as\u00ed, zanquilargo, delgado al punto de poseer un vientre excavado, ahora en cambio, una ventaja.<\/p>\n<p>Movi\u00f3 los cambios y el coche trep\u00f3 rugiendo a la carretera que acusaba la ausencia de reparaciones. En ella adquiri\u00f3 su marcha sedosa, la de su aristocr\u00e1tico origen adaptado ahora al transporte de toscas cajas tambaleantes.<\/p>\n<p>El paisaje hab\u00eda adquirido un aire de modorra en la temprana tarde. Casas sencillas, a veces levantada con materiales de deshechos, se extend\u00edan en las proximidades. En sus patios escarbaban gallinas y polluelos o ladraba alg\u00fan perro. M\u00e1s all\u00e1 un maizal sobrevolado por los teros se mec\u00eda suavemente. Toda esa chata llanura se extend\u00eda a lo lejos, aburrida bajo el sol. El tr\u00e1fico era escaso y cualquiera pod\u00eda rendirse ante esa f\u00e1cil monoton\u00eda aunque Esteban ten\u00eda motivos para atender a los pasajeros que viajaban detr\u00e1s; el ni\u00f1o se resist\u00eda a cubrirse con la camisa y luchaba con la joven que pretend\u00eda enfund\u00e1rsela. Hubo un peque\u00f1o silencio y luego dos cortos brazos regordetes se posaron en el asiento de Esteban.<\/p>\n<p>-Quiero ir adelante. D\u00e9jame manejar un rato.<\/p>\n<p>Esteban ri\u00f3 de buena gana:<\/p>\n<p>-No me digas. \u00bfCu\u00e1ntos a\u00f1os tienes?<\/p>\n<p>Dos manos se extendieron casi frente a sus ojos, una en sus cinco dedos, la otra el indice apuntando arriba.<\/p>\n<p>-Seis-anot\u00f3 Esteban- te faltan doce para poder manejar.<\/p>\n<p>-Mi padre me deja- fue la respuesta inmediata- me pone en sus rodillas\u2026<\/p>\n<p>-Tu padre es tu padre- respondi\u00f3 Esteban- Y yo, no. Aqu\u00ed no puedes estar.<\/p>\n<p>El ni\u00f1o no se resigno. Permanec\u00eda de pie y Esteban percib\u00eda el roce de su aliento tibio y limpio sobre su nuca.<\/p>\n<p>-Si\u00e9ntate atr\u00e1s y ponte el cintur\u00f3n- aconsejo.<\/p>\n<p>El ni\u00f1o no obedeci\u00f3. Se manten\u00eda de pie detr\u00e1s de su asiento.<\/p>\n<p>-Ma\u00f1ana es mi cumplea\u00f1os- dijo.<\/p>\n<p>-Aj\u00e1- hizo Esteban- Ya has elegido un regalo?<\/p>\n<p>-Si- contest\u00f3 \u00e9l- Una camioneta como \u00e9sta.<\/p>\n<p>Hab\u00eda tanta seguridad en su respuesta que Esteban se volvi\u00f3 para observarle entre risue\u00f1o y asombrado.<\/p>\n<p>-Se pondr\u00e1 vieja antes de que puedas usarla.<\/p>\n<p>-No, tonto!- replic\u00f3 \u00e9l- Una a control remoto\u2026<\/p>\n<p>Esteban, que participaba de su placer por manejar, no pod\u00eda menos que comprenderlo.<\/p>\n<p>-Me tranquilizas- dijo al fin- Ahora si\u00e9ntate y ponte el cintur\u00f3n.<\/p>\n<p>El ni\u00f1o tampoco obedeci\u00f3 esta vez. Se apoyaba en el respaldo del conductor y recorr\u00eda con la mirada minuciosamente el tablero.<\/p>\n<p>\u2026 eso que parece un reloj es el veloc\u00edmetro\u2026 a cu\u00e1nto dice que vas?<\/p>\n<p>El aparato marcaba los ochenta kil\u00f3metros \/ hora, que Esteban no pasaba en aquel mal camino y cuando las entregas. Lo dijo y el ni\u00f1o repuso enseguida;<\/p>\n<p>-Podr\u00edas ir m\u00e1s ligero. Me gusta la velocidad. Cuando saco el brazo por la ventanilla y el viento me lo tira para atr\u00e1s\u2026<\/p>\n<p>-Es peligroso- apunt\u00f3 seriamente Esteban- y tambi\u00e9n que est\u00e9 ah\u00ed parado pues si tengo que frenar de golpe podr\u00edas golpear tu cabeza contra el parabrisas. Si\u00e9ntate.<\/p>\n<p>Esta vez el ni\u00f1o obedeci\u00f3 y por un trecho Esteban forzando el o\u00eddo escuch\u00f3 una conversaci\u00f3n entre el ni\u00f1o y la ni\u00f1era. No se hallaban lejos del destino prefijado cuando el ni\u00f1o volvi\u00f3 a ponerse de pie con un movimiento el\u00e1stico.<\/p>\n<p>-No me gustan ni las gallinas ni los patos, ni los cerdos ni las vacas\u2026<\/p>\n<p>Parec\u00eda enojado con ese tema posiblemente abordado en el asiento trasero y as\u00ed quedo hasta que un peque\u00f1o negocio anunci\u00f3 la venta de helados.<\/p>\n<p>-Mira! Helados! \u2013 grit\u00f3 irgui\u00e9ndose con alegre sorpresa- All\u00ed, donde hay un vasito derram\u00e1ndose!&#8230;<\/p>\n<p>Ante lo cual Esteban, divertido, experiment\u00f3 la obligaci\u00f3n de prometer uno, en lugar m\u00e1s confiable y durante el regreso.<\/p>\n<p>Mientras Esteban entregaba su cargamento el sol brillaba todav\u00eda acerc\u00e1ndose lento hacia el horizonte. El ni\u00f1o rodeaba el vehiculo observ\u00e1ndolo en todos sus detalles, tanteando los neum\u00e1ticos, inclin\u00e1ndose para examinar el chasis, pasando la peque\u00f1a mano por la chapa lisa y polvorienta. Ema, mientras tanto se interesaba en la descarga y de pronto Esteban descubri\u00f3 su mirada fija en \u00e9l. Era bonita- pens\u00f3- delgada, m\u00e1s bien alta, fina de la cintura y firme el busto, lacio el abundante cabello que desbordaba del mo\u00f1o fijo tras la cabeza y ca\u00eda en guedejas sobre un cuello fino y blanco.<\/p>\n<p>Cuando emprendieron el regreso, Esteban se encontraba extra\u00f1amente contento.<\/p>\n<p>La camioneta aligerada de peso, corr\u00eda veloz sorteando las irregularidades del camino y pronto se encontr\u00f3 junto a un talud que arrojaba sombra sobre el suelo.<\/p>\n<p>Esteban sinti\u00f3 tras de s\u00ed, la presencia del ni\u00f1o apoyado ahora en su hombro derecho.<\/p>\n<p>-Tienes que encender los faros- dijo con su acostumbrada voz conminatoria- Est\u00e1 oscuro.<\/p>\n<p>-No- contest\u00f3 Esteban- A\u00fan es d\u00eda y pronto habr\u00e1 sol.<\/p>\n<p>Hubo otro corto silencio y el ni\u00f1o insisti\u00f3.<\/p>\n<p>-D\u00e9jame encenderlos. Yo s\u00e9 como. Apretando ah\u00ed, est\u00e1n los de distancia.<\/p>\n<p>Esta vez, Esteban, de buen humor, le dej\u00f3 hacer y el ni\u00f1o, empinado y su cabeza casi tocando la del conductor, permiti\u00f3 a este percibir el roce de su tierna mejilla..<\/p>\n<p>Un haz de luz se confundi\u00f3 con la del sol.<\/p>\n<p>-Bien. Ya est\u00e1- dijo Esteban- Vuelve a tu lugar.<\/p>\n<p>El ni\u00f1o permaneci\u00f3 de pie y con gravedad a\u00f1adi\u00f3:<\/p>\n<p>-Una noche salt\u00f3 un conejo. \u2013y termin\u00f3- Casi lo matamos.<\/p>\n<p>-Lo hubiera merecido. Qu\u00e9 dices? \u2013 Brome\u00f3 Esteban.<\/p>\n<p>El ni\u00f1o permaneci\u00f3 callado, luchando con la infantil indiferencia ante la muerte.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s dijo de s\u00fabito:<\/p>\n<p>-Ahora d\u00e9jame apretar el claxon\u2026<\/p>\n<p>Esteban fingi\u00f3 no haber entendido.<\/p>\n<p>-La bocina, tonto.- Corrigi\u00f3 el ni\u00f1o con impaciencia.<\/p>\n<p>-Y ser\u00e1 lo ultimo- replic\u00f3 Esteban con severidad- si contin\u00faas de pie me las tendr\u00e9 que ver con la Polic\u00eda Caminera.<\/p>\n<p>La bocina son\u00f3 fuertemente en el silencio, hubo un estremecimiento en los matorrales vecinos y una bandada de p\u00e1jaros se lanz\u00f3 a los aires frente al veh\u00edculo.<\/p>\n<p>-Solo falta que choquemos- advirti\u00f3 Esteban ya con enojo.<\/p>\n<p>Esta vez oy\u00f3 como Ema reprend\u00eda al ni\u00f1o y lentamente se fue calmando.<\/p>\n<p>Los pasajeros siguieron en silencio mientras el coche segu\u00eda rumbo a destino cuando s\u00fabitamente Esteban record\u00f3 los helados y su promesa, con cierto placer.<\/p>\n<p>Torci\u00f3 hacia su izquierda y enfil\u00f3 hacia el peque\u00f1o comercio donde expend\u00edan los helados. El ni\u00f1o descendi\u00f3 y emprendi\u00f3 carrera hacia e lugar seguido por Ema que impotente trataba de alcanzarlo. Esteban re\u00eda francamente cuando \u00e9l exigi\u00f3 con su voz segura e inflexible:<\/p>\n<p>-Para m\u00ed, uno de chocolate.<\/p>\n<p>Esteban se dirigi\u00f3 a \u00e9l aunque ahora su mirada se posaba en Ema que t\u00edmidamente se manten\u00eda alejada. Todav\u00eda hab\u00eda luz diurna pero amenazaban las sombras y en ellas se perfilaba el suave rostro de la joven, sus pernas esbeltas dentro de los pantalones vaqueros y el nimbo de sus cabellos oscuros.<\/p>\n<p>-\u00bfQu\u00e9 te parece si tambi\u00e9n invitamos a Ema? Tal vez ella quiera tambi\u00e9n uno de chocolate\u2026<\/p>\n<p>Ema asinti\u00f3 y la luz ilumino su rostro sonrojado. Esteban conoc\u00eda varias mujeres j\u00f3venes, pero nunca alguna que se hubiera sonrojado. Este hecho le agrad\u00f3.<\/p>\n<p>Mientras cada uno daba cuenta de su helado, Esteban contemplaba disimuladamente a Ema quien utilizaba como \u00e9l, una cucharilla. El ni\u00f1o se val\u00eda de la lengua de manera que el contenido del vaso se derramaba sobre su camisa y sus pantalones.<\/p>\n<p>Ema lo reprendi\u00f3- Mira lo que haces, te has ensuciado de la cabeza a los pies, vas a manchar el tapizado del coche y har\u00e1s enojar al se\u00f1or\u2026<\/p>\n<p>Esteban experiment\u00f3 un inusitado asombro al escuchar la palabra \u201cse\u00f1or\u201d dirigida a su persona. Se sinti\u00f3 viejo. No obstante ri\u00f3.<\/p>\n<p>-No digas \u201cse\u00f1or\u201d, ll\u00e1mame Esteban.<\/p>\n<p>E inquiri\u00f3 con curiosidad:<\/p>\n<p>-Cuantos a\u00f1os tienes, Ema?<\/p>\n<p>Ema levant\u00f3 la cabeza y a la d\u00e9bil luz del establecimiento \u00e9l comprob\u00f3 que sus ojos eran casta\u00f1os y brillantes dotados de largas pesta\u00f1as.<\/p>\n<p>-Dieciocho para diecinueve- repuso Ema. Y esta vez no se ruboriz\u00f3. Terminaba su helado.<\/p>\n<p>Una vez vac\u00edo el envase, uno y otro lo arrojaron junto con la cucharilla en un canasto dispuesto para ello. El ni\u00f1o masticaba el barquillo.<\/p>\n<p>-Yo en tu lugar- aconsej\u00f3 Esteban- me lavar\u00eda las manos y la cara.<\/p>\n<p>Ema le arrastr\u00f3 sin que protestara, hasta el lavabo y volvi\u00f3 con \u00e9l de la mano hasta la camioneta donde Esteban aguardaba.<\/p>\n<p>Se acomodaron en sus respectivos asientos y desde all\u00ed el joven oy\u00f3 la voz del ni\u00f1o.<\/p>\n<p>-Tienes un aboll\u00f3n encima de la rueda\u2026<\/p>\n<p>Era cierto, una mala maniobra hab\u00eda motivado que otro coche se le lanzara cuando una curva, y provocara el hundimiento de la chapa en ese lugar. A\u00fan manten\u00eda conflictos con la Oficina de Seguros.<\/p>\n<p>Suspir\u00f3 mientras meditaba que ese hombrecillo terrible habr\u00eda de ser con el tiempo, un hombre de empresa como el padre.<\/p>\n<p>-Debiste cambiar el neum\u00e1tico?- Oy\u00f3\u00a0 nuevamente la implacable voz-<\/p>\n<p>-Si, si- repuso Esteban- no me hagas recordarlo.<\/p>\n<p>-De una vez, c\u00e1llate- le orden\u00f3 Ema ahora con voz en\u00e9rgica.<\/p>\n<p>Call\u00f3, y as\u00ed continuaba cuando la camioneta se detuvo frente a su casa.<\/p>\n<p>Oscurec\u00eda visiblemente y una luz se hab\u00eda encendido en el porche. El ni\u00f1o baj\u00f3 r\u00e1pidamente y corri\u00f3 hacia la puerta que cerraba el jard\u00edn. Ema se dispon\u00eda a seguirlo cuando Esteban la detuvo.<\/p>\n<p>-Qu\u00e9 responder\u00edas- pregunt\u00f3- si yo te invitara a salir el domingo? Ir\u00edamos al cine y luego a tomar otro helado\u2026<\/p>\n<p>Ella permaneci\u00f3 dubitativa.<\/p>\n<p>El domingo- repuso- es mi d\u00eda libre y voy a visitar a mis padres. No s\u00e9 si permitir\u00edan\u2026<\/p>\n<p>De las j\u00f3venes que Esteban conociera, ninguna hab\u00eda mencionado a sus padres.-<\/p>\n<p>-Diles- a\u00f1adi\u00f3 con cierta complacencia- que vendr\u00e9 a buscarte y te traere de vuelta antes de que anochezca.<\/p>\n<p>Ema sonri\u00f3 alegremente y se meti\u00f3 en la casa mientras Esteban retornaba a su vehiculo. All\u00ed encendi\u00f3 la luz de la cabina y palmeo cari\u00f1osamente la direcci\u00f3n.<\/p>\n<p>-Buena chica- dijo dirigi\u00e9ndose a \u00e9sta. Y puso en marcha el motor.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><strong><em>Ang\u00e9lica Bianchi<\/em><\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0 \u00a0 UN HOMBRE, UNA MUJER Y UN NI\u00d1O \u00a0 \u00a0 Reinaba por doquier una primavera precoz. El sol iluminaba con br\u00edo por entre unas nubes muy blancas que flotaban en el cielo azul. 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