Espiaron cada uno de sus movimientos hasta obtener la seguridad absoluta de que era él. Se hacía llamar Danilo Silva y vivía en una modesta casa de una ciudad pequeña de Brasil. Pesaba mucho menos e incluso su cara era levemente distinta, gracias a la intervención de un cirujano. Nada que ver con aquel abogado que, cuatro años antes, había desaparecido con noventa millones de dólares dejando atrás a su hermosa mujer y a su adorable hija.
El Socio
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Espiaron cada uno de sus movimientos hasta obtener la seguridad absoluta de que era él. Se hacía llamar Danilo Silva y vivía en una modesta casa de una ciudad pequeña de Brasil. Pesaba mucho menos e incluso su cara era levemente distinta, gracias a la int