Los cuentos de Irene Salom cuentan dos historias, como ya observaba Ricardo Piglia en su Tesis sobre el cuento
El relato visible, construido con una prosa impecable, está plagado de agujeros negros, de intersticios a través de los cuales se filtra un segundo relato que interpela al lector y lo obliga a construir hipótesis que le den sentido a lo que lee y que lo mantienen en alerta, pegado al texto.
La escritura que fluye tersa y adictiva es como un visillo que apenas podemos correr para atisbar lo no dicho, lo sugerido, el misterio y la complejidad de la vida, su tejido secreto y doloroso.
Son mundos habitados por personajes que encarnan una humanidad vida, imperiosa en su derecho a vivir pero también doliente, atravesada por miedos, soledad, culpa, crimen, locura y muerte. Una trama insondable que le hará decir al joven frente al féretro de su padre, en el cuento Cómplices «… la pucha con la vida»
María del Huerto Leal






